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Ki Tavó “Cuando llegues”

Esta semana la porción de la Torah (parashat) denominada, Ki Tavó (“Cuando llegues”), nos recuerda que nuestro gran maestro Moshé, el pastor fiel de D-s, nos ordenó escribir en piedra, “todas las palabras de esta Torah, bien explicado (Devarim -Deuterenomio- 27:8), el mismo día en que crucemos el río Jordán para tomar posesión de la Tierra. Tierra que, a su vez, fue prometida por D-s a nuestros ancestros, Abraham, Itzjak e Iaacov.

A su vez, esta parashat no está en el Zohar, lo cual constituye un desafío para cumplir con el  “bien explicado”, exigido por nuestro maestro Moshé.

“Rising to the challenge”, les entrego mi visión.

En la medida que se estudia la Torah a consciencia, se descubre que es un sin fin de enseñanzas muy profundas y de múltiples dimensiones respecto de todo en la Creación y, muy particularmente, de la relación del hombre con D-s y del Pueblo de Israel con Hashem (D-s). Dado que la tarea de entenderla para explicarla es muy difícil, todos nos apoyamos en el conocimiento de otros justos (tzadikim) y sabios (jajamin) que, a su vez, se apoyaron en otros anteriores a ellos y, así, sucesivamente.

Esto no está mal pero no asegura nada. ¿Por qué? Porque una persona puede dedicarse a memorizar enseñanzas, realizar ritos y cumplir con los preceptos sin necesariamente lograr la fe. Otro, desde su miedo a no cumplir con la Torah, puede incrementar las restricciones y el rigor con el cual elige seguir las leyes y mandamientos de D-s pero tampoco, necesariamente, logra la fe. Y, por supuesto, también puede haber otra persona que decida relajar el yugo de la Torah para hacerla más actual y llevadera, según su visión, y tampoco alcance la fe.

Entonces, kabbalistas, ¿Cómo logramos la fe? O dicho de otra forma, ¿Cómo corregimos nuestros defectos de fe para lograr certeza (Emuná) en nuestras vidas y ser canal de los milagros de D-s?

Solamente con profundos procesos de arrepentimiento sincero que nos hagan tomar consciencia de nuestros errores y transgresiones en contra de D-s, del prójimo y de nosotros mismos. Dichos procesos de arrepentimiento nos llevaran a estados de humildad y agradecimiento que serán el vehículo que posibilite  el retorno (teshuvah) a D-s.

O, como decimos los kabbalistas, no leas “teshuvah” sino “tashuv h”, es decir, regresa a la letra “he” (la primera letra he del Tetragramatón) que, en el Árbol de la Vida, corresponde a la sefirá de Binah, que es entendimiento. ¿Por qué?

Porque solamente con el entendimiento del alma, que es superior a nuestra capacidad de inteligencia y comprensión racional, lograremos el conocimiento (Daat) para poder discernir y no volver a repetir los mismos errores producto de patrones conductuales (hábitos) incorporados en nuestro ser como reflejos condicionados. Es decir, nuestras clásicas reacciones intelectuales, emocionales, sexuales y materiales ante determinados estímulos.

Sin embargo, lo anterior requiere de mucha valentía espiritual porque parte del dar es compartir la sabiduría que se logró a raíz de nuestras equivocaciones, errores y transgresiones. Es decir, compartir la Luz que, con la ayuda de D-s, logramos revelar de nuestra propia oscuridad. Es en ese momento, cuando compartimos nuestro dolor, nuestro retorno y nuestra sabiduría con otros que realmente logramos el “bien explicado” señalado en el versículo y, en consecuencia, la fe.

Por ejemplo, a continuación les entrego una bella enseñanza kabbalista. Sin embargo, antes de presentárselas les advierto que no todos van a revelar la misma Luz. En efecto, aquellos que hayan tenido la fe para entregar el diezmo con amor, sin hacerse trampa, a pesar de restricciones económicas severas y que el dinero no haya alcanzado para fin de mes, van a entender (sefirah Binah), porque vivieron milagros en su vida y porque esa experiencia los hizo más sabios (sefirah Jojmah).

En esta porción de la Torah se nos recuerda la importancia de la intención (kavaná) al realizar las ofrendas de los primeros frutos (bikurim) y del diezmo del tercer año destinado al Levita, al prosélito, al huérfano y la viuda. La Torah no se refiere solamente al producto material que alimenta el cuerpo sino que también al resultado de nuestro trabajo espiritual que alimenta el alma. La Luz del amor y bondad (Jesed) que cuando es dada con la intención correcta es capaz de endulzar a una viuda, contener y sostener al huérfano, integrar al prosélito y sustentar a los Levitas. Es decir, nuestro dar con amor y bondad enriquece a los pobres y D-s nos recompensa por ello. ¿No me creen? É-l nos dice a través de su profeta, “Traigan todo el diezmo al tesoro para que haya comida en Mi Casa. Si quieren, pónganMe a prueba en esto, dice Hashem de los Ejércitos, y vean si no les abro las ventanas del Cielo y vuelco sobre Uds. la bendición sin fin.” Malají (Malaquías) 3:10.

Árbol de la Vida 1

Pero, ¿cuál es el secreto detrás de esas palabras? Enseña, Albert Gozlan, maestro de kabbalah contemporáneo, basado en las enseñanzas del kabbalista de fines del siglo 13, Rabí Joseph Gikatilla Z”L (de bendita memoria), que en el Árbol de la Vida, la sefirá de Jesed (amor, bondad y benevolencia) contiene el Nombre de D-s, É-l, cuyo valor asciende a 31 (Alef+Lamed = 1 + 30). Por otra parte, la sefirá de Jesed, asociada al Patriarca Abraham, también es denominada por el Nombre de D-s, E-lión (de lo Alto, Altísimo) que hace referencia al Cielo. ¿Y cuál es el Cielo de Jesed en el Árbol de la Vida? La sefirá de Jojmah (sabiduría) que también es denominada por el Nombre de D-s, I-esh (“hay”), es decir, “hay abundancia”, cuyo valor es de 310 (Yud+Shin = 10+300). Por lo tanto, cuando se da el diezmo con Jesed (É-l=31), D-s nos da el 10% de Jojmah (10% de 310 es 31). Pero Jojmah pertenece al Mundo de Atzilut, de la abundancia infinita, por lo que D-s realmente nos está dando el 10% de infinito que es infinito. Por eso la abundancia es capaz de traer paz y se cumple, “hazme  una apertura del tamaño de una aguja y Yo haré pasar toda la misericordia por ella”.

A su vez, también logramos entender la enseñanza del Patriarca Abraham que entregaba un “diezmo de todo” (Bereshit -Génesis- 14:20). Lo anterior no solamente se refiere a bienes materiales, sino que también a tiempo, dedicación, amor, conocimiento, entendimiento y sabiduría. Todo lo que es producto del proceso espiritual. Todo, kabbalistas.

 Luego, aquel que realmente hizo su teshuvah entendió el dar y cómo se debe dar para apegarse a D-s. Esa es la persona que tiene una conexión con D-s, puede volverse un instrumento consciente de É-l, servirlo con devoción, y ser canal de Sus milagros. Esa persona entiende la Torah y la puede explicar desde el corazón (llega a Binah). Esa persona es consciente que experimenta la Divina Presencia sobre su cabeza. Esa persona “llegó”.

Abraham Figueroa Drouilly

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