"Día 6 del Omer"

DÍA 6 DEL OMER

YESOD DE JESED

La sefirá (esfera de Luz) de Jesed es la séptima, contando desde abajo hacia arriba en el Árbol de la Vida, y se asocia al Patriarca Abraham. La sefirá de Yesod es la segunda, contando desde abajo hacia arriba en el Árbol de la Vida, y se asocia a Iosef, hijo de Israel, quien sustentó al mundo de la antigüedad durante los “años de las vacas flacas” al ser nombrado por el Faraón,  virrey de Egipto.

Bendición

BARÚJ ATÁ ADONÁI, ELOHÉINU MÉLEJ HAOLÁM, ASHÉR KIDSHÁNU BEMITZVOTÁV, VETZIVÁNU AL SEFIRÁT HAÓMER.

Bendito eres Tú, Adonai (Él Eterno) nuestro Dios, Rey del universo, que nos ha santificado con Tus mandamientos, y nos has ordenado lo concerniente a la cuenta del Omer.

Meditación para este sendero del Alma

“Entonces dijo: ‘Volveré a ti para esta fecha. Y Tu esposa Sará tendrá un hijo. ‘ Sará estaba escuchando detrás de la puerta de la tienda, que estaba detrás de él.” Bereshit (Génesis) 18:10

A partir de este anochecer entramos a la energía de Yesod de Jesed que es la misma energía divina que miles de años atrás estuvo presente para la apertura de las aguas,  cuando el Pueblo de Israel cruzó por “tierra seca” a la libertad.

Es la Luz de Yesod la que vincula a hombre y mujer para que se puedan unir desde el amor, bajo la Luz de Jesed. Ambos, por medio de la Luz de Yesod, se vuelven una sola carne y una sola alma. Los opuestos se complementan en Uno. Este es el vínculo sagrado que sostiene la vida y nos reúne con nuestro Creador. El pacto que el hombre debe guardar.

Cuando hay amor, esta unión nos cohesiona como pareja y le da un fundamento a la vida. El Nombre de D-s es bendecido a través de la unión en el dar y nos volvemos co-creadores junto con É-l. Así, hombre y mujer juntos, crean hijos, familias, comunidades, pueblos, sueños, proyectos, empresas y todo lo que forma parte de su realidad.

En ausencia de amor, este vínculo en vez de unir almas crea “armas” de destrucción de vida y sueños. Infertilidad y muerte. Las plagas que no deseamos en nuestras vidas ni en las de nuestra descendencia se manifiestan a nuestra realidad como consecuencia de nuestra separación del amor y de D-s.

El milagro de la apertura de las aguas lo podemos visualizar como la unión en el amor de la energía divina masculina y la energía divina femenina. D-s recuerda el pacto que hizo con Abraham, Itzjak y Iaacov. Luego, Su esencia divina masculina hace soplar un fuerte viento del Este (el corazón del Árbol de la Vida) que penetran las aguas (Su energía divina femenina) en Yesod (órganos sexuales) para partirlas. En la unión del Amor Divino, la semilla de la vida,  el Pueblo de Israel, cruza de la esclavitud a la libertad, “por tierra seca”, desde el Oeste y en dirección Sureste (El sur es Jesed, amor).

Después de un tiempo, que es el caminar por el desierto por parte del Pueblo de Israel, las aguas se vuelven a abrir para que Israel ingrese a la Tierra Prometida. Sin embargo, Israel ingresa a la Tierra Prometida desde el Este hacia el Oeste, es decir, en dirección opuesta a como se abrieron las aguas la primera vez.

Un hijo es creado por hombre y mujer de la misma forma. Las aguas primero se abren en un sentido y, luego de nueve meses, el niño rompe en dirección opuesta las aguas, para ser dado a Luz y nacer a la Vida.

Que las aguas (Yesod) se partan desde el amor (Jesed) para que, “en su tiempo”, nuestras esposas den a Luz “un hijo”, sea éste un niño(a) o nuestros sueños. Y que sea en nuestra Tierra Prometida, nuestra tierra de “leche y miel”. Tierra fértil, de abundancia de sustento como nos enseñan los patriarcas desde Abraham a Iosef, producto de haber guardado el pacto con D-s, un pacto de amor, un pacto de Yesod en Jesed.

 

Abraham Figueroa Drouilly

 

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