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CARTA A MIS ALUMNOS

Santiago (nombre derivado de Iaacov), 2 de Tishrei de 5777

B”H

A todos mis queridos alumnos, valientes Kabbalistas, que honran el Nombre de HaShem (Dios) con su entrega y esfuerzo, les quiero transmitir lo siguiente:

Cuadro de M. Avayú.
Dios está esperando por cada uno de nosotros, como un padre deseoso de abrazar a su hijo o a su hija en su retorno. Cuadro de M. Avayú.

La mayor y más profunda enseñanza que me he esforzado en transmitirles es que todos podemos retornar a la Luz, todos podemos retornar a Dios. No importa que tan profundo haya sido el pozo de serpientes y escorpiones en el cual caímos, CON AMOR, no hay lugar inalcanzable del que no se pueda retornar, ni oscuro pasaje que no se pueda iluminar.

Si entendemos en nuestro corazón que somos vasijas y que, por ende, nada de lo que nos llena es nuestro, absolutamente nada, entonces comenzamos a lograr la humildad que comienza abrir nuestros corazones a Dios.

 

El Rav Berg, Z”L, solía dar este ejemplo: Si llenas una taza con agua caliente, inevitablemente, la taza se calentará, pues se impregna con los atributos de lo que contiene en su interior. Nosotros respondemos de la misma manera.

Es ahí cuando comenzamos a tomar consciencia de lo lejos que estamos de Dios, al punto de que no lo sentimos, no obstante Él llena toda la Creación. Es ahí cuando comenzamos a vislumbrar la profundidad de la enseñanza kabbalística de que lo único que es nuestro es el deseo de recibir. Nos guste o no, esa es nuestra esencia INICIAL.

Sin embargo, cuando trabajamos duro por la Luz que deseamos, en consciencia, con fe, amor y persistencia, sin abandonarnos a los tentadores estados de comodidad que ofrece el Otro Lado, entonces ocurre el milagro. Sí, ¡UN MILAGRO! Un milagro que ilumina a toda la Creación. Nuestra esencia es transformada por el Amor de Dios. Ese deseo de recibir egoísta, insaciable, grosero, impaciente, narcisista, mal humorado, miedoso y angustiante, se transforma, POR AMOR, en un deseo de recibir para compartir. Aparece de la nada el altruismo.

Mediten muy profundo en esto: Por amor a Dios, nosotros, esa vasija descrita anteriormente, que está muy lejos de la Luz, somos capaces de desear retribuir al Creador todo Su amor y todo con lo que nos ha bendecido. ¡Nosotros, la vasija, le queremos dar a Dios! Nosotros lo queremos honrar; nosotros lo queremos amar; nosotros lo queremos alabar; nosotros lo queremos servir a lo mejor de nuestras capacidades y de acuerdo a los talentos que Él, en Su amor por cada uno de nosotros, nos otorgó incondicionalmente. Traten de sentir ese Amor que, incluso, sabiendo que lo íbamos a traicionar y que le íbamos a ser infiel, tuvo fe en el retorno de cada uno de nosotros a Él. Su Fe es aprueba de todo y Su Misericordia infinita. Él no cambia pero nosotros sí podemos cambiar. Nosotros sí.

Esa es nuestra mayor bendición. Podemos cambiar para bien, solamente se requiere amor, de un amor sabio, entendido e incondicional. Un amor de guerrero y sacerdote a la vez. Un amor verdadero que no teme ir a la guerra a enfrentar al enemigo para proteger y ayudar a otros, ni tampoco de servir a Su Señor con misericordia y bondad para que otros logren su expiación.

Es ahí cuando Dios nos otorga una sagrada corona que tiene trece luces muy especiales, infinitamente delicadas y tan poderosas que no hay oscuridad que se le pueda anteponer. Esa corona es lo que conocemos como los Trece Atributos de Misericordia de Dios. Luego, Él graba Su Nombre en nuestra frente como una señal para todo el resto de la Creación y nos dice:

“…Tu nombre es Iaacov (Jacobo). No sólo Iaacov será tu nombre, sino Israel será tu nombre”. (Bereshit -Génesis- 35:10)

Y cuando nuestras almas reciben es título espiritual, Dios nos está distinguiendo de la siguiente manera:

HaShem significa "El Nombre" y corresponde al Nombre Divino que Dios le entrega a Moshé (Moisés) en el Libro de Shemot (Éxodo) 6:3. También se denomina el Tetragramatón o Nombre Inefable de Dios.
Este Nombre de Dios  es equivalente a todo el Árbol de la Vida con sus tres columnas. Honrar Su unión es lo que posibilita que podamos recibir bendiciones del plano espiritual en este plano físico.

“Por caminar recto a Mí con un amor tolerante e inclusivo, que honró Mi Nombre al no separarlo, ya no eres un doceavo sino trece; eres uno sobre doce. Tu fe te elevó por sobre los astros y ahora eres Uno en el Amor. Eres un israelita, digno hijo de tus padres, Abraham, Itzjak e Iaacov. “

Dios se viste en la Luz Sin Fin para luego vestirse en cada una de las diez sefirot hasta llegar a nosotros en Maljut. En Su infinito amor por nosotros, Él se da asimismo y cuando nosotros recibimos la bendición, lo estamos recicibiendo a Él.
Dios se viste en la Luz Sin Fin para luego vestirse en cada una de las diez sefirot hasta llegar a nosotros en Maljut. En Su infinito amor por nosotros, Él se da asimismo y, cuando nosotros recibimos la bendición, lo estamos recicibiendo a Él.

Bendito sea HaShem y sea Su Voluntad que los ilumine para que puedan avanzar en sus procesos espirituales y, así, hacer realidad todos los deseos de sus corazones, para ustedes y los suyos. Amén veAmén.

Bendiciones,

Abraham Figueroa Drouilly

 Originally posted in www.lbconsulting.cl

El Árbol de la Vida con sus tres columnas: Abraham repesenta a la derecha, Itzjak (Isaac) a la izquierda e Iaacov (Jacobo) a la central.
El Árbol de la Vida con sus tres columnas: Abraham repesenta a la derecha, Itzjak (Isaac) a la izquierda e Iaacov (Jacobo) a la central. Caminar “recto a Dios” es avanzar en la vida por la columna central que nos permite, por una parte, restringir nuestros impulsos egoístas y, por otra, conectar con el altruismo al desear recibir para compartir.

 

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